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Osteoartritis: Historia Parte 1

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La osteoartritis, ¿el precio de la marcha bípeda?

La marcha bípeda no es una especificidad del hombre (algunos monos pueden practicarla y los homínidos también podían hacerlo).

En realidad, la bipedestación exclusiva es la originalidad, entre otras cosas, del Homo sapiens sapiens y sus predecesores directos o primos cercanos (como el Hombre de Neandertal).

Esta evolución está acompañada de adaptaciones esqueléticas que favorecen la dinámica de la marcha y cuya forma más perfeccionada se encuentra en el hombre moderno.

Caminar constantemente con los dos miembros inferiores conlleva unas ventajas innegables, como la liberación de la mano. Otra consecuencia menos afortunada de nuestra posición “erguida”: el aumento considerable de las cargas y presiones ejercidas en algunas articulaciones, como las de la cadera o la columna vertebral.

La evolución de nuestro esqueleto permite soportarlas de forma incompleta y las articulaciones de los miembros inferiores deben soportar constantemente el peso de la parte superior del cuerpo, durante la marcha o incluso al pasar a la posición de pie. El transporte de cargas refuerza las presiones sufridas por las caderas, las rodillas y la columna vertebral.

La bipedestación podría constituir, por lo tanto, en sí misma un factor de riesgo “mecánico” de la osteoartritis. Contra esta hipótesis, el hecho de que ciertos animales cuadrúpedos también la padezcan parece demostrar que los mecanismos de esta patología son algo más complejos…

La bipedestación exclusiva requiere una buena repartición de las fuerzas.

En posición de pie, la fuerza que se ejerce en cada cadera es igual a la mitad del peso corporal menos el peso de ambos miembros inferiores.

En el hombre moderno, las características anatómicas de la articulación permiten “aliviar” la articulación repartiendo las fuerzas, como demuestra el croquis anterior.

Esta repartición tiende a producir un “momento” cinético igual a cero.

  • PC = fuerza producida por el peso del cuerpo
  • A = fuerza producida por los músculos abductores
  • R = fuerza de reacción de la articulación

Cuando no andaba subida a los árboles, Lucy se contoneaba mucho...

Osteoartritis prehistoria

Sin duda, el homínido más célebre es Lucy, un Australopithecus afarensis hembra descubierta en 1973 por Y. Coppens, M. Taieb y B. Johanson en Etiopía, donde descasaba tranquilamente desde hacía aproximadamente 3 millones de años.

Según las concepciones actuales, los Australopitecos no serían nuestros ancestros directos, sino unos primos más o menos lejanos.

La pelvis de Lucy, más ancha que la nuestra, y la orientación pronunciada de sus fémures hacia la línea mediana (si una mujer moderna tuviese un fémur así diríamos que presenta deformaciones de tipo de coxa vara y genu valgum,) dejan suponer que debía contonearse mucho al caminar y sus episodios de bipedestación eran bastante breves (algunas decenas de metros según las huellas descubiertas en Laetoli, también en África Oriental). Sus miembros superiores, más largos que en el hombre, y los movimientos menos limitados de su hombro demuestran que Lucy debía pasar mucho tiempo en los árboles.

 

 

Genu Valgum

Lucy podía contentarse, así pues, con una cabeza de fémur mucho más pequeña que la nuestra para efectuar los desplazamientos limitados durante los que aumentaba brevemente las presiones ejercidas en sus caderas, sin aumentar, por ello, su riesgo de osteoartritis de cadera de origen mecánico.

Evolución del eje del miembro inferior (en relación con la bipedestación)

Hace 3,6 millones de años, dos Australopithecus afarensis (uno más pequeño que otro) caminaban uno junto a otro en una planicie del Norte de Tanzania, dejando sus huellas en las cenizas volcánicas que la lluvia había transformado en una especie de yeso.
Al secarse, este material debía adquirir las propiedades de un cemento suficientemente duro para conservar dichas huellas hasta nuestra época. Estas huellas nos enseñan que un paso empezaba cuando el talón golpeaba el suelo, y se terminaba con un impulso de los dedos. Nosotros hacemos exactamente igual.

Neardental estaba inclinado hacia delante

Saltemos alegremente algunos millones de años para ubicar al Homo sapiens neandertalensis, un europeo testigo de la llegada de los primeros Homo sapiens y quizás también descendiente del Homo erectus.

Neandertal tenía un fémur curvado con una concavidad hacia delante. Neardental, que también era un adepto del contoneo, debía caminar muy inclinado hacia delante. Su bipedestación se acompañaba de una repartición de las masas muy distintas a la nuestra, sin que podamos decir por ello que estaban más o menos expuestos a la Osteoartritis.

Por otra parte, las numerosas fracturas observadas en los esqueletos de Neandertal sugieren una vida peligrosa, probablemente demasiado corta para alcanzar la edad a la que empieza a manifestarse esta patología.